lunes, 19 de noviembre de 2012

"LA HISTORIETA NO MATA A NADIE", por Sergio Dima

Primera parte de una entrevista realizada a fines de 1991 para una publicación zonal del Gran Buenos Aires.

La entrevista fue el pasado sábado 7 de diciembre en su casa de Olivos, al mediodía. "Almorzamos tarde", explicaba Carlos Trillo en el momento de coordinar el horario del reportaje. Es hincha de River, "peronista desorientado" y está en contra de los superhéroes. En el año 1978 ganó el premio al mejor guionista de historietas en la Bienal de Lucca, Italia, premio que comparte un lugar en la biblioteca, con los únicos dos o tres libros especializados en historietas que tiene a la vista.
Trillo vive a una cuadra de la quinta presidencial. Una vez reunidos en la cocina, el director de la revista "Puertitas" puso a calentar café, buscó los anteojos que usa siernpre y mordiéndose las uñas -no por nervios preguntó: "¿Empezamos?"

-¿Sigue siendo peronista?

-¿Existe todavia? Yo estoy bastante desorientado, no sé qué soy ahora. En todo caso creo que no lo hubiese votado a (Eduardo) Duhalde. No lo hice en las últimas elecciones porque estaba de viaje. Mucho no me gusta lo que pasa y no sé muy bien qué ocurrió con el peronismo. Hay un momento en el cual me perdí. No tengo muy en claro a quién habría votado, pero sospecho que tampoco a los radicales.
Hay dos grandes partidos que alternativamente ocupan el poder y todo eso. Si a vos no te gusta ninguno, de alguna manera lo que hacés es un voto que no sirve de gran cosa, pero que tranquihza tu conciencia. Este es un proyecto al que uno no le ve el final. ¿Es esto lo único que se puede hacer? Eso es lo que me pregunto siempre sin tener respuesta.

-¿En este momento está militando o participa de manera activa?

-No, yo hace muchos años que no tengo nada que ver. He sido votante del partido, pero nunca he tenido cargos o aspiraciones políticas. Me dediqué a escribir historietas.

-¿Y la campaña que diseñó para el doctor Antonio Cafiero en el año 1987?

-Eso sí, pero es una manera de militar si lo hacés gratis, es una forma de trabajo profesional si cobrás. De todos modos ahí hay un matiz: vos podés hacer una campaña de cigarrillos sabiendo que hace mal y sin embargo te ganás la vida publicitando esas cosas. Eso tiene que ver con todos unos vericuetos éticos complicados. Yo hice la campaña de Cafiero y además voté por él. No podría trabajar en una campaña política con un candidato que no me gustara. Me parece que no me daría el estómago. No habría participado en la de Duhalde, sospecho.

"El Loco Chavez"
-¿Hasta que punto pudo notar que la gente entendió al "Loco Chavez" como una manera más de protestar contra la dictadura?

-En esos años lo que pasaba es que uno escribía entre líneas intentando que lo entendieran con las sugerencias más o menos vagas que uno hacía y no se podían decir. Pero a veces el público interpretaba cossa que no se nos habían pasado por la cabeza. Yo me acuerdo de un caso muy típico de ese período, cuando fue la Guerra de Malvinas. El dibujante (Horacio Altuna) viajaba a Barcelona y lo hizo dos días después de que estallara el conflicto. Habíamos dejado preparada una historia de tres meses. Era una serie en la que trabájamos con el más absoluto desconocimiento de lo que estaba por ocurrir. Se trataba de un tipo que se quería apropiar de los departamentos de dos viejitos. Además tenía un apellido como... "Samson". En el edificio habia un portero que junto con él, intentaba boicotear las cañerías y cosas así para que los viejos se fueran. Como Malone vivía allí, el Loco se metió y deschavaron el malo. Eso pasó durante tres meses: o sea que empezó con la guerra y terminó un mes después. iLa cantidad de interpretaciones de que era una alusión al imperialismo inglés que trataba de apoderarse de qué sé yo, fueron innumerables! Realmente era casual que nosotros estuviésemos trabajando en eso. La gente quería leer deteminadas cosas, y si no se las decías, igual las ponía ahi.
"El Loco Chavez" no ocupó un lugar necesariamente crítico. Se publicaba en un diario Clarín , que en todo caso estaba en contra de la política económica de los militares, con lo cual nosotros no podíamos decir más que "las mandarinas están caras". En un tiempo de gran represión en la comunicación parece que eso sonaba como una bomba. Ninguno de los que hacíamos esa página estaba en una tarea ideológica ni nada de eso. Simplemente no nos agradaba la dictadura, pero en general como casi todo el mundo tendíamos a callarnos la boca.

-Al notar ese papel crítico que el lector le daba a la tira, ¿se intentó un cambio?

-La historia fue cambiando porque nosotros también lo hacíamos. Nunca se tiene muy en cuenta lo que va a opinar el público. Uno lo hace y después recibe palos o aplausos. Eso por ahí te modifica¬... qué sé yo. El hecho de que Altuna dlujara muy lindas chicas y la gente las recibiera con entusiasmo, seguramente hacía que se agregaran más. Nunca pudimos superar la acusación de machistas, que todavía sigue con "El Negro Blanco": un machista redomado, no?. Si a uno esa crítica lo impactara, trataría de no repetirlo. Pero en definitiva no estamos en un lugar que vaya a influir a nadie. Es bastante inofensivo lo que hacemos.

-¿Les costó abandonar al Loco Chávez?

-No, era un inferno. Al final, con el dibujante a diez mil kilómetros era complicado de hacer. Además estaba saliendo mal. No llegábamos a tiempo con las tiras, repetíamos historias anteriores. Era difícil. No tenía actualidad y la serie perdía un costado que siempre había estado.
Ahora ... creo que toda esa pági¬na del Clarín tuvo como un aura de cosa crítica en los años de la dictadura, porque hacer humor era complicado en esa época. El humor nunca es oficialista, si no es aburrido. Decir qué lindo es (Carlos) Menem, no le divierte a nadie. No lo digo por él solamente. Lo más gracioso es ridiculizar a alguien, y el hecho de hacerlo con un dictador te ubica en un lugar peligroso. Aunque en realidad tu crítica y el sitio donde pongas el sentido del ridículo sea poco significativo.

El presente de las historietas
-¿Se está regresando a los relatos clásicos?

-Sí, es cierto eso. Hay como un período de quietud en el comic, y en el humor también. Hay momentos en los que explota todo. Yo me acuerdo del sesenta, en todo caso. A fines de la década aparecieron un montón de cosas: "las utopías se tienen que hacer realidad", dijeron un día, y armaron los despelotes de París, le tiraron huevos a los que iban de smoking a la Scala de Milán y de alguna manera cambiaron las costumbres. La gente empezó a coger, no? Parecía como que la libertad se imponía. Eso también se llevó a la historieta y el humor. Junto con la renovación de hábitos importantes, las costumbres variaron en los sesenta. Después de una cristalización duradera, de pronto aparecían los Beatles, las minifaldas, el desprejuicio y la posibilidad de poder ir al palacio de Buckingham en camiseta. Se demolían viejos tabúes y el humor también lo hizo. Hasta ese momento había estado reprimido y de repete pudo hablar de cosas diferentes. Pero toda revolución termina sentándose, institucionalizándose y muriendo: porque algo nuevo tiene que venir después.
En los ochenta no se produjo ninguna cosa importante o conmovedora como había ocurrido diez años antes. En la música debe pasar lo mismo, donde incluso se mira hacia atrás. Yo me doy cuenta con mis hijos que están escuchando las mismas cosas que yo en aquel entonces. 0 sea que hay un momento en el que no se encuentran nuevos elementos y descubren que en los clásicos están las posibles nutrientes de las novedades que vendrán... andá a saber. ¿Qué fue lo más importante que pasó con la música en los ochenta? Después de los Rolling Stones o los Beatles, y todo lo que surgió en el setenta, me parece que nada. Con la historieta ocurrió algo similar.
(mañana, la segunda parte)

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